De autor ANONIMO:

No se equivoca el pájaro que abandona el nido para aprender a volar. Se equivoca cuando prefiere la seguridad del nido renunciando a volar.

viernes, 15 de mayo de 2015

EDITORIAL DEL VIERNES

Los valores democráticos.

Lo único que puede lograr un verdadero puente con el otro es la convicción personal de que es posible y vale la pena por lo menos intentarlo... Ni romántica, ni bohemia, la cuestión de la aceptación de personas diferentes de uno, es el nudo fundamental cuando se habla de defender la identidad de una cultura, de una comunidad, de un pueblo. Y especialmente cuando se trata de contribuir a una democracia verdaderamente participativa.

Papel de la educación.

En este sentido la educación permanente durante la trayectoria de la vida de los hombres y mujeres contemporáneos, tiene mucho por hacer, “promoviendo acciones destinadas a la integración de valores democráticos en el quehacer educativo”, en la búsqueda de formas concretas que puedan ayudar consolidar la democracia real y no teórica y en la certeza de que “la democracia como forma de gobierno, es la única adecuada para asegurar una convivencia pacífica y el pleno respeto a los derechos esenciales del hombre”.
La educación debe ser más que nunca la que actúe como factor de desarrollo siendo como es agente primordial de la socialización de valores, medio esencial de cohesión e integración sociocultural. Sin embargo “la educación” es un concepto de una amplitud tan grande, que nos deja donde empezamos. Son necesarias profundas transformaciones de las políticas regionales a nivel continental, a nivel de planeamiento nacional, en los idearios más recónditos de las memorias de los pueblos. Pero todo sigue siendo “para otros”. ¿Qué podría hacer yo, sólo una persona, para influenciar en las decisiones de política? ¿Cuáles son los valores esenciales a los que se hace referencia? ¿Qué análisis podría hacerse desde la observación de lo cotidiano en cuanto a la cultura cívico-ciudadana?
Hay escalas de valores sociales, culturales, personales, corporativos, económicos, políticos, religiosos. El análisis primario debe partir de la pregunta acerca de cuales son los valores primordiales que anidan en las actitudes de las personas o grupos de personas involucradas en lo educativo. Inclusive los medios masivos de comunicación juegan aquí un papel preponderante.
La reflexión es necesaria.
Sería interesante intentar un ejercicio de auto evaluación: primero, una mirada rápida hacia lo cercano y comprobable. Podría afirmarse con seguridad que hay muchas cosas que nos molestan del vecino inmediato, o del frente y, ante la imposibilidad de cambiarlo, hacemos como que no existe. Ni el saludo. Mucho menos averiguar el porqué de algunas de sus actitudes. A continuación, traslademos esa misma situación con respecto a las comunidades aborígenes, o de la costa del canal, o la que habla otro idioma o viene de algún país limítrofe. ¿No hay aceptación? ¿Hay indiferencia? Corazón que no ve, no siente... y llorar por la leche derramada no sirve...
Esta afirmación resulta sumamente injusta con todas aquellas organizaciones que luchan por la igualdad de los Derechos Humanos y con todas aquellas personas que, calladamente trabajan codo a codo con las comunidades minoritarias. Por el contrario, al referirse a las políticas económicas multinacionales y a quienes las digitan, toda protesta resulta escasa. Apoyadas en el creciente individualismo que florece entre los miembros de las sociedades más pudientes económicamente, las ideologías del libre mercado o “de selección natural” estimulan la convicción de que, aquellos que no superaron sus límites de todo tipo, es porque no hicieron el esfuerzo suficiente. Sin embargo aquellos teóricos, están olvidándose de que más allá de lo que quieran creer para tener la conciencia tranquila, no todos nacemos con posibilidades en pié de igualdad y eso es evidente a la hora de discutir sobre oportunidades de promoción social.

Esfuerzo personal.

Escribir no es suficiente, pero callar es peor. ¿Cómo aplicar las conclusiones obtenidas luego de tantas observaciones de injusticias y desmanes contra los derechos a la Identidad cultural en el contexto cercano que se vive diariamente?
Hay un sistema, pero no es fácil. En primer lugar, mirar como si nunca hubiéramos estado allí. Por ejemplo, el profesor que entra al curso de siempre, decide por un día cambiar de óptica. La lectura de la situación puede demorar ¿qué es lo que ve? ¿quién es en realidad cada uno de esos alumnos? pero por algo se empieza. Puede ocurrir que descubra un mundo tan distinto al que creía conocer que se espante o al contrario, le agrade la idea y sienta placer de investigar dejándose investigar. Cada una de las personas con las que comparte su materia son diferentes y tienen concepciones diferentes de la vida, el dolor, el amor, el odio y la incertidumbre hacia el futuro. Es más, cada uno de sus alumnos ha hecho una imagen interna diferente de su profesor, pero ello no implica una supuesta aceptación de él. Ni a la inversa.
Entonces aparece la segunda etapa. Un lento proceso de captación de la realidad del otro. Para aceptar lo diverso no sirve la resignación. Y no sirve porque ella seguirá buscando evitar aquello a lo que debe resignarse. La aceptación implica un acto de voluntad hacia otro acto de voluntad, puesto que de ninguna manera podemos pensar que hay una actitud pasiva en el interlocutor. Probablemente éste se halle en la misma situación. O no, lo cual puede facilitar mucho las cosas.
Probablemente, al dejarse conocer, provocando una ida y vuelta constructiva, surgirá una realidad nueva que era desconocida en virtud de una serie de prejuicios adquiridos por influencia de múltiples variables socio culturales que lleva a proporcionar la falsa imagen –reduccionista- de que únicamente lo propio es lo que sirve. 

María Adela Donaher ©2001.La Voz del Interior

No hay comentarios: