De autor ANONIMO:

No se equivoca el pájaro que abandona el nido para aprender a volar. Se equivoca cuando prefiere la seguridad del nido renunciando a volar.

lunes, 18 de julio de 2016

LA IGLESIA Y LA POLÍTICA

Por Jorge Miguel Peralta

Durante la primera mitad del siglo XIX, geólogos cristianos conservadores de Gran Bretaña y Estados Unidos trabajaron para reconciliar la nueva ortodoxia científica con el relato del génesis. En 1814, el teólogo escocés Thomas Chalmers, defensor de la teología natural, plantea la existencia de una brecha en la narración del Génesis entre los dos primeros versículos.
Esto abría la posibilidad de un lapso de tiempo ilimitado en el que fijar las eras geológicas comprendidas entre "el principio del mundo" y el momento en que Dios creó las especies actuales según el relato bíblico.
Edward Hitchcock, geólogo, asumió la llamada "teoría de la brecha" (gap theory) y la popularizó en EEUU. Entretanto, el geólogo escocés Hugh Miller sugirió que los días de la creación mencionados en el Génesis simbolizaban eras geológicas, y otros colegas defendieron esto en los Estados Unidos. Entonces pasamos a hablar de día/era. Esto quiere decir algo así como que Dios creó todo de la nada en siete eras en lugar de siete días.
Como podemos ver, si nos ponemos a escribir y hablar de grieta nos es nada nuevo ni original. En el mundo científico siempre hubo, hay y habrá grietas, a veces tan profundas que los mismos participantes se pierden en ellas.

En estos primeros párrafos queda claro que la ciencia trató de acomodarse según el relato bíblico. ¿Por qué? Simplemente porque la religión en aquellos años marcaba caminos, no sólo en lo espiritual sino también en lo político. Se dependía de la apertura mental de cada clérigo, que en general fueron, o bien ciegos científicos, o sistemáticamente negaron los avances de las ciencias por conveniencia o fundamentalmente por poder. Se escudaban en anatemas caprichosos de muy poco fundamento y de discursos retorcidos y justificantes detallados que con la realidad distaban, por lo que, casi igual que por estos días, solo quedaba en un relato en el que creían pocos pero al que todos contaban.
En la República Argentina recién en el año 1.978 durante el papado de Juan Pablo II se dejó de lado el patronato, esto es, a las autoridades eclesiales las nombraría Santa sede y no el gobierno de turno.
¿Vale la pena que el clero se inmiscuya en política? Algunos dicen la Iglesia, pero, permítanme aclarar aunque sea muy obvio que a la Iglesia no solo la compone el clero, sino, también todos y cada uno de los demás fieles. Algunos responderán sí, otros no. Yo trato de entender pensando en aquel dicho que dice "el que mucho abarca poco aprieta" u otro que dice "no sé hacer ni pensar dos cosas al mismo tiempo, simultáneamente". Y si la pregunta es al revés: ¿puede un político participar del clero?
Creo que ambas preguntas tienen una respuesta simple: "zapatero a tu zapato". Jesucristo, el maestro, el Dios hecho Hombre, no participó en política, pero desde su posición, predicador o pastor de su época, habló de política, se sentó con los políticos, y básicamente les hizo saber que ser su seguidor no era solamente utilizar una túnica parecida a la de él, sino un modo de vida que cada uno debía llevar a la practica en su propio campo de acción. No le dijo nunca a Pedro o cualquier otro de los doce "anda y se gobernante también". Nada que ver.
San Pablo en la primera carta a los Corintios capítulo 12, compara a la Iglesia con el cuerpo humano: y se pregunta "¿Si somos todos ojos, con qué oiremos? o ¿si somos todos oídos con qué miraremos?" (ver cita ICor 12,17). Entonces parafraseándolo se 
puede decir "si todos somos curas o sacerdotes ¿quién será político"? o si somos todos políticos ¿quién será cura o sacerdote?".
Finalmente, Ud. o Yo ¿tenemos la capacidad de hacer dos cosas juntas y hacerlas bien? Se la dejo picando.

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